Hay una característica que hace que una planta se convierta en un perfecto ejemplar de interior: que sea duradera. Y para que lo sea es imprescindible que se trate de un ejemplar perenne, que mantenga la hoja durante todo el año, de forma que su atractivo no dependa de la floración.
La belleza de sus formas y su color está fuera de toda duda. Pero entre las plantas de hoja destaca un grupo, cada vez más numeroso, que no tienen nada que envidiar a las plantas de flor, porque sus hojas presentan una espectacular gama de colores y también de dibujos, estas son, las plantas variegadas.
Representan una sobresaliente opción, y la mayoría muestran hojas de color verde y crema, blanco o amarillo. Otras, disfrutan de vetas doradas, de color rosado, bronce, rojas… o todas a la vez, como el Cóleo; algunas veces en el borde de la hoja, otras, en toda la superficie. Los nervios aparecen a menudo realzados con un color diferente, es el caso de la Maranta.
La variedad que podemos encontrar es inmensa, pero precisan unos cuidados muy concretos; todas necesitan más luz que las de un solo tono. La intensidad y la variedad de colores determina sus necesidades de luz.
En algunos casos, como sucede con los Ficus variegados, son menos resistentes que los de hoja verde, pero también resultan fáciles de cuidar. Eso sí, debemos estar más pendientes del caudal de iluminación que reciben, del riego y la temperatura.
Son más delicadas, y por ello, más propensas a contraer plagas y enfermedades que las plantas de hojas verdes.
Para mantenerlas sanas hay que regar y abonar en su justa medida, porque toleran peor los errores de cultivo. Siempre es mejor quedarse corto que excederse. Es importante respetar las necesidades individuales.
La variedad que podemos encontrar es inmensa, pero precisan unos cuidados muy concretos; todas necesitan más luz que las de un solo tono. La intensidad y la variedad de colores determina sus necesidades de luz.
En algunos casos, como sucede con los Ficus variegados, son menos resistentes que los de hoja verde, pero también resultan fáciles de cuidar. Eso sí, debemos estar más pendientes del caudal de iluminación que reciben, del riego y la temperatura.
Son más delicadas, y por ello, más propensas a contraer plagas y enfermedades que las plantas de hojas verdes.
Para mantenerlas sanas hay que regar y abonar en su justa medida, porque toleran peor los errores de cultivo. Siempre es mejor quedarse corto que excederse. Es importante respetar las necesidades individuales.
Siempre se deben colocar cerca de la luz, pero sólo expuestas al sol las variedades de hojas vigorosas como el Croton.
Es interesante aplicar un tratamiento preventivo contra las plagas en primavera; en el caso de este tipo de plantas, siempre es mejor prevenir que curar. Otra atención indispensable es protegerlas de las corrientes de aire; provocan la caída de las hojas, que es su principal atractivo.
El grado y diversidad de los colores de las hojas no están sujetos a los cambios de estación y temperatura, como las de floración, pero hay algunos cuidados básicos que pueden aumentar su intensidad, incluso su variedad de tonos.
Siempre hay que eliminar las hojas que no sean variegadas, puesto que si predominan las hojas verdes, toda la planta acabará siendo de este color. A la hora de plantar esquejes hay que usar tallos con los colores más vivos.
Proporcionarles mucha luz, pero indirecta. A las plantas con hojas de color blanco, ocre y amarillo; sólo mantendrán el variegado si reciben la luz suficiente, en caso contrario, modificarán su color íntegramente por el verde.
Las plantas con follaje de color bronce y rojo pierden su color si no están expuestas a una gran cantidad de luz, de ahí que ese tipo de plantas (Croton, Cóleos…) necesiten y toleren incluso, algo de sol directo.
Abonar correctamente es la mejor forma de evitar la pérdida del color. Pero ¡cuidado!, el abonado excesivo, puede producir alteraciones en los colores de las hojas.
Las plantas con hojas lisas y con un tamaño suficiente, como las Marantas o Cordyline habrá que limpiarlas cada dos o tres semanas con un paño limpio y humedecido en agua. Utilizar agua tibia, a la mayoría de estas plantas no les gusta el frío y toleran mal el agua fría sobre sus hojas. La limpieza no compromete al color, pero si las hace más lustrosas y atractivas.
Una regla muy efectiva, es el empleo de un abono foliar de tanto en tanto, siempre siguiendo de manera concisa las indicaciones del fabricante. Nunca usar abrillantadores de hojas.
El grado y diversidad de los colores de las hojas no están sujetos a los cambios de estación y temperatura, como las de floración, pero hay algunos cuidados básicos que pueden aumentar su intensidad, incluso su variedad de tonos.
Siempre hay que eliminar las hojas que no sean variegadas, puesto que si predominan las hojas verdes, toda la planta acabará siendo de este color. A la hora de plantar esquejes hay que usar tallos con los colores más vivos.
Proporcionarles mucha luz, pero indirecta. A las plantas con hojas de color blanco, ocre y amarillo; sólo mantendrán el variegado si reciben la luz suficiente, en caso contrario, modificarán su color íntegramente por el verde.
Las plantas con follaje de color bronce y rojo pierden su color si no están expuestas a una gran cantidad de luz, de ahí que ese tipo de plantas (Croton, Cóleos…) necesiten y toleren incluso, algo de sol directo.
Abonar correctamente es la mejor forma de evitar la pérdida del color. Pero ¡cuidado!, el abonado excesivo, puede producir alteraciones en los colores de las hojas.
Las plantas con hojas lisas y con un tamaño suficiente, como las Marantas o Cordyline habrá que limpiarlas cada dos o tres semanas con un paño limpio y humedecido en agua. Utilizar agua tibia, a la mayoría de estas plantas no les gusta el frío y toleran mal el agua fría sobre sus hojas. La limpieza no compromete al color, pero si las hace más lustrosas y atractivas.
Una regla muy efectiva, es el empleo de un abono foliar de tanto en tanto, siempre siguiendo de manera concisa las indicaciones del fabricante. Nunca usar abrillantadores de hojas.
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